Voto Concepcionista

Apéndice Cuarto

          Fórmula de la Protestación de Fe y renovación del Voto

En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo; en el de Dios Hijo hecho Hombre, nuestro Redentor y Señor Jesucristo, a quien adoramos real y verdaderamente presente en el Augusto Sacramento de la Eucaristía; en presencia de todos los circunstantes que nos escuchan y a la faz de todo el mundo.

Nosotros, el Hermano Mayor, Consiliarios y demás Oficiales y hermanos de la Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla, Archicofradía Pontificia y Real de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y María Santísima de la Concepción, establecida en su iglesia propia de San Antonio Abad, como sucesores de aquellos antiguos nazarenos que, reunidos en Cabildo el 29 de septiembre de 1615, fueron los primeros que en esta ciudad se obligaron con voto y juramento a creer, confesar y defender que la Santísima Virgen Madre de Dios, por un privilegio especial del Altísimo, atendiendo a los méritos previstos de su Hijo Nuestro Señor Jesucristo, fue preservada de la culpa original que todos contraemos al nacer.

Declaramos que como católicos, apostólicos y romanos creemos en todos los misterios que Nuestra Madre la Iglesia nos propone, muy especialmente en este de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María.

Y para que no se pierda, antes bien se aumente y propague el afecto y devoción entre los presentes y nuestros sucesores a tan augusto Misterio, hemos acordado hacer todos los años en el día de la fiesta principal de nuestro Instituto a la Santa Cruz esta pública y solemne manifestación, y no admitir en nuestra Archicofradía a quien antes no la hiciere.

Hacemos asimismo solemne voto y juramento de creer, confesar y defender hasta la muerte los misterios de la Mediación Universal de la Santísima Virgen en la dispensación de todas las gracias, y de su Realeza Universal como Madre de Dios y Corredentora del género humano, renovando la consagración solemne de esta Archicofradía al Corazón Inmaculado de la Virgen Purísima, en perpetua y total entrega de amorosa y filial servidumbre.

¡Oh, Benignísima Señora y Madre nuestra Dulcísima! Admitid esta protestación de nuestra fe, juntamente con nuestros votos y juramentos y con la consagración perpetua, como muestra del filial amor que os profesamos, y en retorno conseguid que cubiertos con el manto de vuestra protección, a la sombra del árbol santo de la Cruz, participemos de sus frutos en la Tierra recibiendo abundantes gracias para ejercitar las virtudes, y después por medio de ellas, subamos a la gloria para unirnos con Vos para siempre y juntos ver a Dios, amarle, gozarle y alabarle por toda la eternidad. Amén.

 

          (Todos los hermanos, poniendo la mano sobre los Santos Evangelios y ante el Estandarte y Bandera Blanca de la Archicofradía, dirán: "Así lo creo, así lo prometo, así lo espero").

 




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Nuestro Padre Jesús Nazareno
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