|
La llave del Sagrario
Transcurría el año de 1579, llegando a feliz término una serie de gestiones, que habían tenido inicio en 1572, cuando la Hermandad del Dulcísimo Jesús Nazareno tenía su residencia en el hospital de la Santa Cruz en Jerusalén, o de los Convalecientes, sito en la calle Ancha de la Magdalena, y otorgaba sendos poderes a su hermano mayor, Mateo Alemán, en estos mismos años administrador de los bienes sevillanos de la Orden de Vienne, para que concertase con Fray Rodríguez de Alcántara, quien contaba con poder bastante del Comendador Mayor, de la Casa Matriz de Castrojeriz, en el Arzobispado de Burgos, pasado ante el escribano de aquella villa burgalesa, Felipe de Medina, en 15 de abril de 1572, y negociar la adquisición de la capilla, denominada del Santo Crucifijo. En prueba de las cordiales relaciones, y en agradecimiento de los favores recibidos, la comunidad de los canónigos regulares de la Orden de Vienne, reglas de San Agustín, concedía en 1661 a la Hermandad de Jesús Nazareno el privilegio y merced de que su hermano mayor fuese guarda y custodio de la llave de plata del Sagrario del referido Monumento, y la llevase sobre su túnica, visible y manifiesta, pendida de un cordón de hilillos trenzados de plata, durante la estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral, siendo portada por el hermano mayor de entonces, Juan Correa de Cabrera. Así vino haciéndose hasta que en 1700 llega a Sevilla el beneficiado Fray Diego Carnero, presbítero de la Orden de San Antonio Abad, como apoderado especial de Fray Damián García Olloqui, comendador mayor de la dicha sagrada religión para estos Reinos de España, estimando improcedente el otorgar tal privilegio, reclamando para sí la guarda y custodia de la llave del sagrario, "anulando ante sí y por sí la mencionada merced". La hermandad, reunida en Cabildos los días 14 y 21 de marzo de 1700, alegando poseer este privilegio desde tiempo inmemorial, se dirigía a la Casa Matriz de Castrojeriz para que actuase en consecuencia. Ésta dictaminaba "que no se ynobase en lo que siempre había sido executado", y en vista de ello se formaba en Sevilla una diputación, integrada por el administrador-beneficiado Fray Diego Carnero, el clérigo-regular Fray Juan Gregorio de Laja, y el mayordomo de la cofradía, José de Cervera y Cuadra, redactando una nueva concordia, elevada a escritura pública el 29 de marzo de 1700 ante Juan Muñoz Naranjo, escribano de número de esta ciudad. Una escritura donde la hermandad venía obligada a dar la cera que se consumía en el Monumento, así como los estipendios del diácono, del subdiácono y de los encargados de cantar la Pasión en los Oficios; a cambio, el administrador de la Real Casa Hospital hará entrega de la llave del mismo, con facultad de llevarla sobre sí, colgada al cuello, y visible, durante la estación de penitencia. Pero si alguno o algunos de los patronos existentes de la Iglesia (se hace referencia indirecta a los marqueses de la Rianzuela, del linaje de los Solís) alegaban mejor derecho a tener en depósito la aludida llave, la hermandad no estaría obligada a costear la cera, si bien se reconoce que desde tiempo inmemorial los hermanos mayores de la hermandad, como cabezas de ella, "llevarán la llave del Monumento a ciencia y paciencia de los patronos de la Capilla Mayor". Han transcurrido los tiempos, se ha extinguido la Orden de Vienne, no se celebran Oficios en la Real Iglesia de San Antonio Abad, no hay ya Monumento Eucarístico, y, por consiguiente, no es necesaria una llave para cerrarlo; la llave de plata, pendida de cordón argénteo, no abre ningún tabernáculo. Sin embargo, la Archicofradía de la Santa Cruz en Jerusalén sabe guardar con celo sus tradiciones, observante fiel de sus compromisos, y, en recuerdo de ellos, su hermano mayor sigue llevando al pecho, sobre el antifaz, la llave del Tabernáculo de los antiguos antoninos de la Real Iglesia. Vivencia
histórico-nazarena, Antonio Martín Macias, Hermano Mayor (1992-1998) |